Los caminos del Arcipreste de Hita se dirigen desde el valle del Jarama a cruzar la Sierra guadarrameña para pasar a Segovia. Subiendo por la Nacional I de Madrid a Irún, y tras pasar por Venturada, La Cabrera y lozoyuela, se toma el desvío hacia el puerto de Navacerrada. Enseguida se entra en el valle del alto río Lozoya, en el que las riberas siempre están cubiertas de hierba fresca y frondosas alamedas, mientras que las laderas empinadas de los cerros se nutren de densos pinares y bosques de vegetación mediterránea.
Lozoya es el primer gran
pueblo de esta ruta, con su caserío formado de recias casas de piedra
granítica. Aquí vemos la plaza mayor con edificios nobles
presidida por el del Ayuntamiento, clásico y señorial al mismo
tiempo. En él le dan al viajero toda clase de información
para recorrer los recovecos frondosos y admirar los paisajes espléndidos
de este escondido valle de la Comunidad de Madrid, que está declarado
en toda su extensión lugar o paraje de interés natural, protegido.
Si el viajero sigue moviéndose, a pie o en coche,
por la carretera principal de este valle, puede subir en altura hacia lugares
como Rascafría y aún a El Paular, al pie mismo del puerto de Cotos. En El Paular tenían su cazadero de osos, venados y grandes animales los reyes de Castilla durante la Edad Media, y a este lugar vendría el Arcipreste con la admiración propia de quien sabe que la realeza muy a menudo campa por el contorno.
El Paular destaca hoy por el gran monasterio de monjes
cartujos que con la ayuda real se construyó entre estos serrijones. Siempre con la espalda nevada de los montes al fondo, el monasterio, hoy regido por monjes benedictinos, tiene una impresionante iglesia gótica con un no menos impresionante retablo de tallas, del siglo XV, y un claustro enorme, en el que aún parece oirse la salmodia monótona de los monjes. En una parte del gran conjunto se ha edificado un Hotel-Parador Nacional que merece por sí solo el viaje a este lugar.