Los Mendoza de Guadalajara
en el siglo XIV
Guadalajara fue repoblada por los cristianos en el Siglo XII, tras la caida del imperio almorávide. En la conquista inicial de la región destacaremos a Alvar Fáñez de Minaya, amigo del Cid y alférez luego de Alfonso VI (recordemos los versos del Poema del Cid "Alcarrias arriba marchan"). La ofensiva almorávide retrasó tanto la conquista como el poblamiento de La Alcarria. A los cristianos ya existentes se unió una nueva población cristiana y una colonia judía, que vivía en juderías (la de Hita tuvo dos sinagogas dentro del recinto amurallado). Los reyes de Castilla intentaron al comienzo impedir al sur del sistema central la formación de señoríos pero en el siglo XIV, reinado de Alfonso XI, algunos lugares de La Alcarria eran ya propiedades nobiliarias.
Antes de comenzar, debemos comentar que los patronímicos medievales
(p.e. Rodrigo Díaz de Vivar era Rodrigo, hijo de Diego, del pueblo
de Vivar) dejaron de usarse con la dinastía Trastamara, empleándose como nombre el de antepasados de vida famosa o ilustre (p.e. Íñigo López de Orozco, asesinado por Pedro el Cruel, dio su nombre a muchos Mendozas). Asimismo hubo muchos Mendozas con el mismo nombre, incluso en la misma época: en 1515 había siete personas en la familia llamadas Íñigo López de Mendoza!
Origen de los Mendoza

La familia Mendoza era originaria de la localidad de Mendoza, situada
al oeste y muy cerca de Vitoria, en un valle de Álava. Pretendían
descender de los Reyes de Navarra, y del Cid Campeador. Hay constancia cierta
de miembros de esta familia como Lope Sánchez de Mendoza, mayordomo
mayor de Sancho el Mayor de Navarra (Siglo X) o Lope Íñiguez
de Mendoza, distinguido en la conquista castellana de Toledo (1085). Íñigo
López de Mendoza, señor de Llodio (al norte de la provincia
de Alava, cerca de Bilbao) luchó y murió en la batalla de
Las Navas de Tolosa (1212). De él descienden las ramas "sevillana"
y de "Llodio", extinguidas ambas en el siglo XIV al faltar la
sucesión masculina. Su hermano Gonzalo López de Mendoza, era
el señor de Mendoza y su descendencia daría lugar a la "rama
alcarreña" de la familia.
La rama "sevillana" logró su fortuna con Ruy López de Mendoza, descendiente (nieto?) del señor de Llodio. Fue la segunda persona que fue nombrada Almirante de la Mar en Castilla, participó en la conquista de Sevilla (1248) y fue repartidor de la misma y " rico-hombre" en el reinado de Alfonso X el Sabio. La rama de "Llodio" apenas tuvo importancia en la historia.
Diego López de Mendoza (nieto de Gonzalo, el señor de Mendoza)
fue el primer Mendoza con el apellido "Hurtado". En la historia
se recogen las luchas durante generaciones con la familia rival de los Guevara
y sus relaciones con la poderosa familia de los Haro. Después que
los señores de Alava se declararan vasallos de Alfonso XI en 1332,
el bisnieto del primer "Hurtado" llamado Diego Hurtado de Mendoza
siguió a la corte a Castilla y el tataranieto Gonzalo Yáñez
de Mendoza emigró a Guadalajara al casarse en 1340 con Juana, hija
de la familia vizcaína de los Orozco, que habían emigrado
allí en el siglo XIII. Gonzalo fue Mayordomo Mayor de Alfonso XI
y participó en la batalla del Rio Salado (1340).
Los Orozco se habían instalado en Hita al casarse Lope Íñiguez
de Orozco, reinando Fernando III, con Juana Ruiz, heredera de la familia
con señorío en Hita desde el siglo XI. Su nieto Fernán
Ruiz fue desposeido de Hita por Sancho IV que la entregó a la Infanta
Isabel, aunque eso no disminuyó la importancia de los Orozco en Guadalajara.
Íñigo López de Orozco, Primer señor de Escamilla
y Cogolludo, era una personalidad importante reinando Alfonso XI y Pedro
I que participó con relieve en la batalla del Río Salado en
1340, llevó una parte del botín como embajador real al Papa
de Avignon, se encargó de la artillería (era "señor
de los trabucos") en el sitio de Algeciras en 1344 y poseyó
casa en Guadalajara y las villas de Cogolludo y Torija. Fue padre de Juana
y de su homónimo Íñigo López de Orozco, segundo
señor de Escamilla y poderoso señor en la Alcarria, que sería asesinado alevosamente por Pedro I tras Nájera (1367).
La Alcarria en tiempos del Arcipreste
Esta era la situación de la Alcarria en los años en que
vivió Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita (hacia 1283- hacia 1350).
Indicaremos que la mayoría de la Alcarria estaba adscrita al Arzobispado
de Toledo y solo unos pocos lugares al norte pertenecían a la diócesis
de Sigüenza. El aumento de los señoríos nobiliarios,
sobre todo en las minorías de Fernando IV (1295-1312) y Alfonso XI
(1312-1350) y el desfallecimiento o extinción de los antiguos linajes
altomedievales caracterizan esa época. Junto a Orozcos y Mendozas,
se fueron instalando los linajes de los Valdés, los Pecha, Biedma,
Atienza y Coronel.
Por otro lado hay que citar la epidemia de peste que en 1348 despuebla
Castilla y la hunde en una crisis económica. Consecuencias de la
misma serán el comienzo de un antisemitismo que dará lugar
en el futuro a los primeros "progroms" (aunque en la Alcarria
no hubo la violencia que en otros lugares de Castilla) y el aumento de la
religiosidad con algunos intentos de reforma eclesiástica y fundaciones
de nuevos monasterios. En la Alcarria destacan el Monasterio Franciscano
de La Salceda, entre Tendilla y Peñalver, que fue fundado por fray
Pedro de Villacreces en 1366, el Monasterio Jerónimo de Lupiana,
fundado en 1370 por Pedro Fernández Pecha (que allí profesó)
aunque la bula sea de 1373, y el Monasterio Benedictino de Sopetrán,
fundado por quinta vez en 1372 por el arzobispo de Toledo Gómez Manrique.
El hijo de Gonzalo Yáñez, llamado Pedro González
de Mendoza, se casó en segundas nupcias con Aldonza Fernández
de Ayala, hermana del Cronista y Canciller Pedro López de Ayala (1332-1407).
En 1366 Orozcos, Ayalas y Mendozas se pasaron del partido de Pedro I el
Cruel al de Enrique II de Trastamara, cayendo todos los nombrados prisioneros
en la batalla de Nájera (1367) y muriendo en la batalla el tío
abuelo de Pedro, Juan Hurtado de Mendoza, señor de Mendívil.
Asesinado su tío materno Íñigo López de Orozco
II por Pedro I tras la batalla, y recobrada la libertad, Pedro González
de Mendoza fue muy beneficiado por Enrique II que le hizo merced de los
bienes de los Orozco así como de las villas-fortaleza de Buitrago
e Hita en 1368, antes incluso de ser rey tras matar a su hermanastro Pedro
I en Montiel (1369). Pedro fundamentó la petición de Hita
en que había pertenecido a los Orozco y que la Infanta Isabel murió sin sucesión. Sobre las fortalezas de Hita y Buitrago se fraguó el poder futuro de los Mendoza, pues a ellas se retiraban en caso de peligro o pérdida del favor real. Pedro murió heroicamente en la derrota de Aljubarrota (Portugal) en 1385 sacrificando su vida para que pudiera salvarla el Rey Juan I y que no cayera prisionero (del romancero "el caballo vos han muerto, subid rey en mi caballo, etc").
Los Mendoza, poderosos señores
Desde entonces los Mendoza fueron aumentando sus posesiones siendo señores
de Hita, Buitrago (mayorazgos en 1380), Guadalajara, el Real de Manzanares
(1383), Liébana y luego de Colmenar, Señores (por matrimonio)
de los Estados de las Asturias en Santillana (Santander, 1445), Tendilla
y otros lugares de Castilla e incluso del Reino de Aragón, además
de su solar original en Alava. Lograron sustanciosos bienes en el reino
de Granada tras su conquista y, con una acertada política matrimonial
y sucesivas herencias, fueron acrecentando su patrimonio en los siglos sucesivos.
La fortuna de la Familia se labró primeramente al apoyar desde
1366 al futuro Enrique II de Trastamara, y posteriormente al apoyar desde
1473 a la futura Isabel la Católica. Fueron siempre fieles a los
Trastamara (tanto Isabel como Fernando eran Trastamaras) y luego a los Habsburgo.
Merece la pena detenernos brevemente en algunos de los descendientes
de Pedro, empezando por su hijo Diego Hurtado de Mendoza (1367-1404) que
fue principal de Juan I y Enrique III, Consejero Real y Almirante de Castilla.
En segundas nupcias casó con Leonor de la Vega, señora de
los estados de las Asturias de Santillana. El hijo de ambos, Íñigo
López de Mendoza (1398-1458) fue nombrado el 2 de Agosto de 1445
por Juan II el primer Marqués de Santillana (Santander) (y también
la primera persona nombrada Marqués en Castilla) y Conde del Real
de Manzanares. Fue un buen literato y poeta, conocido por sus populares
"serranillas". Su biografía se encuentra desde las enciclopedias
hasta los libros de texto que yo estudié, mejor contada que como
yo lo haría.
El principal heredero del Marqués de Santillana fue su primogénito
Diego Hurtado de Mendoza (1417-1479), que después de ganar los Reyes
Católicos la batalla de Toro fue nombrado Duque del Infantado en 1475. Su descendencia edificó el Palacio del Infantado en Guadalajara capital, obra de Juan Guas hacia 1483, mandando en el siglo XVI sobre 800 lugares y 90000 vasallos. El segundo hijo del Marqués, Íñigo López de Mendoza (1419-1479) fue nombrado por Enrique IV en 1468 Conde de Tendilla, logrando su descendencia el Marquesado de Mondéjar y la alcaidía vitalicia de La Alhambra de Granada. El quinto hijo, Pedro González de Mendoza (1428-1495) fue el Gran Cardenal Mendoza, que en 1473 puso a toda la familia al servicio de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, siendo llamado por su poder el "tercer rey de España" y, a pesar de ser eclesiástico, tuvo descendencia entre la que destacó su bisnieta Ana de Mendoza, la Princesa de Éboli. Otro hijo del Marqués, Lorenzo, daría lugar a la rama de los Vizcondes de Torija y Condes de Coruña (Burgos).
La familia Mendoza ejerció un poder casi absoluto sobre muchos
lugares de la provincia de Guadalajara de los siglos XIV a XVIII. Durante
los siglos XV, XVI y XVII siempre hubo algún Mendoza en la Corte
de Trastamaras o Habsburgos, en puestos de importancia pero nunca tratados
como favoritos reales.
Era propio de los Mendoza la afición de sus varones por las mujeres,
la nariz prominente, el "orgullo de clase" y el "genio vivo",
así como su (en general) amor por las artes y la literatura y un
cierto interés "patriarcal" por sus vasallos, que no siempre
se encuentra en otros nobles de aquellos tiempos. Decía Marañón
acerca de ellos que "el orgullo también se hereda", tanto
por los varones como por las hembras de esta familia.