Segovia
La capital castellana que se muestra plena de bellezas arquitectónicas y recuerdos históricos al pie de la Sierra Central, es el lugar cumbre del viaje y camino del Arcipreste. Aquí vino don Juan Ruiz temeroso de encontrar una ciudad grande y bulliciosa, llena de peligros para un hombre rural y simple como él.
El ruido, el ajetreo, los muchos templos llenos de orondos canónigos, la catedral, y esa monstruosidad increíble que es el acueducto, le dejaron sorprendido. El mismo Arcipreste en su Libro de Buen Amor dice que viene a buscar la costilla de la serpiente groya que fue capaz de matar al viejo Rando.
Muchos investigadores se han quedado con la boca abierta ante esta frase de Juan Ruiz, ante sus versos enigmáticos pronunciados al llegar a Segovia:
Fuy veer una costiella
De la serpiente groya
Que mató al viejo Rando
Segunt dise en moya
Esta frase, este verso erudito y misterioso ha hecho correr ríos de tinta. Según el sabio parecer de Tomás Calleja, la serpiente groya sería el acueducto romano de Segovia, que desde el aire tiene un trazado semejante a una serpiente, y está construido con piedra granítica, granulosa, a la que en la tierra aún llaman " piedra groya.
El viajero de hoy admirará en Segovia una ciudad impar en el mundo. Su gran acueducto construido por los romanos es único en la tierra. Su conjunto de calles y plazas, cuajadas de antiguos palacios, iglesas románicas, juderías, conventos, miradores, pasadizos y estatuas, la hacen maravillosa.
En Segovia debe admirarse su catedral, gótica en estilo aunque renacentista por la época. Sus naves gigantescas, sus bellas tallas, su claustro solemne. Además el gran alcázar, el castillo del ensueño que vigila los áridos campos de Castilla, y en el que vivieron tantos reyes, tantas princesas, en la Edad Media. Las iglesias románicas de San Martín, San Esteban, San Millán, la Vera Cruz y así hasta dos docenas, son de lo mejor de la arquitectura religiosa medieval de toda Europa.
Bien merece que el Camino del Arcipreste pare un buen rato en la plaza mayor segoviana, y tras degustar los platos de sus asadores, mire la Sierra, siempre verde y blanquinosa en su cresta, y emprenda su ruta de nuevo.
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